¿Es verdad que aceptamos el amor que creemos merecer?

Actualizado: 18 ago

Los enfoques humanistas pugnamos por la búsqueda responsable de nuestras decisiones, pugnamos por la consciencia de decidir hasta lo que creemos no decidir. Es por ello que cuestionamos la idea de que “aceptamos lo que creemos merecer”; En nuestras historias el aceptar representa un conflicto ligado a nuestros aprendizajes de infancia y a nuestra historia de personas adultas, es probable que nunca tuvimos esa posibilidad, que de niños o niñas nos guiaban nuestros cuidadores hacia lo que ellos consideraban que deberíamos de hacer y no se fortaleció el reconocimiento de lo que queríamos hacer, el discernimiento estaba sujeto a la supervisión castigadora y no al acompañamiento amoroso que reforzaría el derecho a decidir lo que aceptamos y a comprender la importancia de cumplir con las normas. Sumemos a esta experiencia el que en algún momento de la vida experimentamos violencia, por parte de cuidadores, familiares, amistades o parejas; esto merma considerablemente el autoconcepto, el valor propio, y por ende la capacidad de decidir en libertad, es entonces que el acto de aceptar se convierte en algo ambiguo cuando tenemos historias marcadas por la violencia.



Por otra parte: ¿Qué es merecer, tiene que ver con la satisfacción de nuestras necesidades fisiológicas o emocionales?, ¿Es un ideal o una realidad?, ¿Nos merecemos la satisfacción de las necesidades o la atención a las mismas?, ¿Quién tendría que satisfacerlas, yo, mi familia, mi pareja, quién?

El merecer es una actitud más que una evaluación de lo logrado, es la postura que tomamos ante lo que la vida nos presenta, es una mirada positiva de lo vivido, reconocer que no somos producto de la casualidad, o del azar, que merecemos sonreír sin culpa, sin miedo a un castigo por ser felices, si esta visión positiva de lo que a nuestra vida llega estuvo limitada por temores heredados, por costumbre, por género, por religión, o por romantizar la resiliencia; es posible que no nos sintamos merecedores o merecedoras de los que tenemos, y en consecuencia dicha palabra será una utopía, un privilegio, pero no un derecho.


Entonces podemos establecer que la frase: “Aceptamos el amor que creemos merecer” contiene una media verdad o una media mentira, ya que esto depende en gran me