Cuando mi niño es el héroe de la familia y su malestar su sacrificio
- psicologo1tp
- hace 7 días
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Salvador Minuchin, uno de los padres de la terapia familiar estructural, lo dijo: “El síntoma no está en el niño, está en la familia”. ¿Qué significa esto? Que muchas veces el problema que vemos — ansiedad, berrinches, problemas de conducta dolores de pancita camino a la escuela, terribles pesadillas o miedos inexplicables — no es el verdadero problema. Es un mensaje. Un grito silencioso que dice: “¡Paren a su “*@r%$e y mírenme, estoy aquí!”.

El niño como protector en sistemas familiares tensos (familias que atraviesan por conflictos o circunstancias difíciles), el niño se convierte en el héroe involuntario. ¿Cómo? Distrayendo a los padres de sus conflictos, absorbiendo la tensión para que no explote obligándoles a cambiar rutinas o evitando cosas que teme. Su síntoma cumple una función en la vida cotidiana de escudo para que los adultos se enfrenten a dolores que no saben manejar. Pero este “escudo” tiene un precio: el bienestar del menor se desgasta día tras día.
El error fatal: atacar el síntoma

Muchas veces cometemos el error de enfocarse en corregir la conducta del niño sin mirar el contexto y mucho menos tener clara la dinámica familiar. ¿Resultado? Más síntomas, más frustración. Como diría Haley: “Si quieres cambiar el sistema, no pelees con el síntoma, cambia las reglas del juego”. Lo complicado es que ver lo que hace mal “Tu hijo” o dicho de otra manera “mira lo que tu hijo hizo ahora o con que salió esta vez” es sencillo... Pensar “que es lo que no estamos haciendo o seguimos haciendo que no permita que mi hijo se sienta libre de cambiar su forma de actuar.
La solución: sacar al niño del ring
¿Quieres proteger a tu hijo? Antes recuerda que él no es ningún réferi ni tampoco tu terapeuta personal y tu papel es cuidarlo y buscar su sano desarrollo y no al revés; después haz esto:
• Prohíbe las discusiones frente a él. Cada pelea es una herida invisible y una clase de violencia de pareja innecesaria para su formación.
• Crea un espacio privado para resolver conflictos. Si no puedes, busca ayuda profesional y si quieres la mejor opción busca el espacio fuera de casa y pide ayuda profesional para saber cómo tú y tu pareja pueden aprovechar gran parte del tesoro de la terapia de pareja, es aprender a discutir y llevar las discusiones a resultados concretos.
• Comunicación estratégica: cambia el “Tú siempre…” por “Me preocupa que…”. Si haces sentir el interés genuino por la otra persona, más que tus ganas de recalcarle una X, ya es gran
parte de la solución se ha resuelto.
• Enfócate en soluciones, no en culpas. Las escaladas simétricas (ósea la lucha por ver de qué cuero salen más correas) solo alimentan el caos.
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• No uses a tu hijo como mensajero. Es un niño, no un diplomático, y al menos que quieres que alguno de ustedes termine cortándole la cabeza como a los mensajeros de malas noticias (puedes volver a ver 300) no es buena idea.

• Valida sus emociones: “Entiendo que estás triste” es más poderoso que “No pasa nada” No pasa nada es confuso, porque actúas lo que no dices y él se da cuenta, lo cual termina
incluso recortándote la confianza que tu hija o hijo tiene en ti.
• Modela calma: Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan y si no puedes encontrar la calma, acude con un profesional, que te enseñe como puedes lidiar
con las circunstancias por las que atraviesan y aprender a dar soporte a quienes dependen
de ti, es parte de la terapia.
• Busca ayuda antes de que el síntoma se convierta en identidad.
Y recuerda...

El síntoma del niño no es el enemigo. Es el espejo que refleja lo que la familia no quiere ver. Si quieres que desaparezca, mira a tu familia y que está pasando con ustedes, no el síntoma y mucho menos a tu peque como el causante o culpable. Como diría Minuchin: “Cuando cambias
la estructura, cambias la historia”.

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