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Expectativas paternas

  • psicologo1tp
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura


En muchas familias, expresar cariño hacia los hijos a través de elogios y palabras de admiración es algo habitual y positivo. Decirles que son importantes, valiosos o capaces puede fortalecer su autoestima y su seguridad. Sin embargo, cuando estos elogios se transforman en una constante idealización —“eres el mejor”, “nadie es como tú”, “tienes que cumplir lo que espero”, “no puedes fallar”— pueden convertirse en una forma sutil de maltrato emocional.

Este tipo de maltrato no se presenta con gritos, golpes o insultos, sino con expectativas desmesuradas, una presión silenciosa y un modelo de amor condicionado que termina dañando el desarrollo emocional de los niños.


Por qué el exceso de elogios y expectativas puede ser dañino

1. El elogio excesivo crea una identidad frágil

Cuando un niño escucha repetidamente que es “el mejor”, “el más inteligente” o “el más talentoso”, construye una autoestima basada en la superioridad, no en el esfuerzo ni en la realidad. Este tipo de autoestima:

·         depende de la aprobación externa

·         se derrumba frente al error

·         impulsa actitudes perfeccionistas o de evitación

El niño no desarrolla confianza interna, sino miedo a no cumplir el personaje idealizado.


2. Las expectativas de perfección generan ansiedad

Cuando un adulto deposita en el niño sueños, aspiraciones o ideales personales, aunque lo haga con amor, el mensaje que recibe es:

“Vale lo que consigue, no lo que es”.

Esto provoca:

·        Miedo constante al fracaso

·        Sensación de no ser suficiente

·        Agotamiento emocional

·       Rechazo a probar cosas nuevas por temor a equivocarse



3. Se reemplaza la aceptación incondicional por la validación externa

Los niños necesitan sentirse queridos simplemente por existir, no por destacar. Si el amor llega envuelto en elogios exagerados, el niño aprende que:

·         sólo merece afecto cuando sobresale

·         su valor está condicionado

·         debe evitar decepcionar a sus figuras de referencia

Con el tiempo, esta dinámica erosiona su seguridad emocional.


4. Puede favorecer el narcisismo o el sentimiento de inferioridad


Paradójicamente, la idealización puede llevar a dos caminos opuestos y dañinos:


a) Narcisismo infantil y adulto El niño internaliza la idea de que es superior, y desarrolla dificultad para tolerar límites, frustraciones y relaciones igualitarias.

b) Inferioridad y autoexigencia crónica El niño siente que no puede estar a la altura del ideal y acaba creyendo que nunca es suficiente.


Consecuencias en la adolescencia y la vida adulta

Las huellas de este tipo de crianza pueden aparecer años después:

·         Ansiedad y ataques de pánico

·         Depresión por sentirse insuficiente

·         Perfeccionismo extremo

·         Miedo al fracaso o a decepcionar

·         Dificultad para tomar decisiones autónomas

·         Relaciones afectivas dependientes

·         Baja tolerancia a la frustración

·         Inseguridad encubierta bajo una máscara de éxito

En muchos casos, estas personas llegan a la adultez sin saber quiénes son realmente, porque han vivido intentando cumplir un guion que nunca les perteneció.


Entonces, ¿qué necesitan realmente los niños?

1. Elogios realistas y orientados al esfuerzo, no a la perfección. “Has trabajado muy bien”, “me gusta cómo te esfuerzas”, “sé que puedes aprender de esto”.

2. Espacios donde equivocarse sea seguro. El error debe verse como parte natural del aprendizaje.

3. Amor incondicional. Que sepan que su valor no depende de logros ni expectativas.

4. Acompañamiento emocional. Ayudarles a reconocer, expresar y gestionar sus emociones.

5. Libertad para descubrir quiénes son. No imponerles sueños ajenos, sino apoyar los suyos.

Elogiar de forma equilibrada es sano; idealizar y moldear al niño según nuestras expectativas no lo es. Cuando un hijo crece sintiéndose presionado para ser “el mejor”, se convierte en alguien que vive más pendiente del resultado que de su bienestar. Educar con respeto, límites y aceptación incondicional es la manera más efectiva —y amorosa— de fortalecer su autoestima y su futuro emocional.




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