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¿Disciplina o autoexigencia? "Cuando cuidar de ti se siente como fallar"

  • psicologo1tp
  • hace 17 horas
  • 3 Min. de lectura

Hay días en los que descansar se siente más como culpa que como cuidado. Pasa cuando no vas a hacer ejercicio, cuando cancelas un plan porque estás cansad@, cuando no respondes mensajes porque necesitas espacio o cuando eliges parar… aunque tu cabeza diga que no deberías.

Y entonces aparece esa voz: “Sí puedes, sólo no quieres.” Una voz que empuja, que exige. Y que no pregunta cómo estás… solo cuánto puedes dar. Pero hay otra parte, más silenciosa, que dice: “Hoy no puedo”.


Y esto se convierte en un choque interno: Por un lado, una parte de ti que aprendió que el valor está en rendir, en cumplir y en sostener. Por otro, una parte que intenta cuidarte, aunque no siempre la escuches. El problema no es tener ambas. El problema es cuando te obligas a elegir siempre la que exige.

 

Pero ¿de dónde viene esto? Muchas veces no es “falta de disciplina”, es historia. Creciste en entornos donde el amor, el reconocimiento o la validación estaban ligados a lo que hacías… no a lo que sentías.

 

Quizá aprendiste que: descansar era flojera, decir “no” era egoísmo, sentirte mal era debilidad y que siempre había que poder más, o viviste experiencias donde tuviste que adaptarte rápido, sostener más de lo que te tocaba o estar en alerta constante. Y entonces tu sistema aprendió algo muy claro: "Si bajo el ritmo, algo se pierde”.

 

Por eso hoy, incluso cuando ya no estás en ese contexto, tu cuerpo sigue respondiendo como si aún lo estuviera.


 

Y, ¿qué pasa cuando te mantienes ahí? A corto plazo parece que funciona: cumples, rindes, avanzas. Pero internamente el costo se acumula y se ve de la siguiente manera:1. agotamiento constante (aunque “sí puedas”),2. desconexión emocional (ya no sabes si quieres o solo debes),3. ansiedad cuando descansas,4. irritabilidad o explosiones emocionales,5. sensación de vacío o insatisfacción, incluso logrando cosas,6. dificultad para disfrutar lo que antes te gustaba,7. y en el cuerpo: tensión, fatiga crónica, somatización.

 

Porque sostener desde la exigencia no es lo mismo que sostener desde el cuidado. Desde un enfoque psicocorporal, el cuerpo no exagera… regula. El cansancio, entonces, no es debilidad; el dolor no es excusa. Y la falta de energía no es falta de carácter… son señales.

 

El tema es que muchas veces aprendimos a ignorarlas, porque parar se siente incómodo, improductivo… o incluso mal. Y entonces procrastinas, te dices: ya después descanso… y ese después nunca llega. Te obligas a cumplir… pero por dentro estás drenad@. Te convences de que “no es para tanto" mientras tu cuerpo se tensa cada vez más. Y es así como sostienes rutinas… pero no te estás sosteniendo a ti.

 

Aquí la clave es identificar esa voz interna que te dice: “Estás exagerando”. Y entonces imaginar que le bajas el volumen y permitir que aparezca otra voz más neutral: “Tal vez sí necesito parar”. No necesitas convencerte. Solo abrir la posibilidad.

 

En esta ocasión, para ir finalizando este artículo, me gustaría que ahora lleves tu atención al cuerpo ¿Dónde sientes más carga hoy? Y pregúntate: “Si dejo de exigirme un momento… ¿qué cambia?” Respira ahí.


Nos enseñaron que disciplina es hacer, cumplir, sostener… cueste lo que cueste. Pero hay otra forma. Disciplina también es saber cuándo parar, reconocer tus límites y no traicionarte por mantener una imagen.

 

Porque si para ser constante tienes que ignorarte… no es disciplina. Es autoexigencia. No todo lo que te exige más… te hace mejor. A veces sólo te aleja de ti. Y aprender a escucharte, incluso cuando eso incomoda, también es una forma de sostenerte.


 


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Recuerda que trabaja con consultas en línea a cualquier país de habla hispana.

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